Tabaco y Alcohol: drogas legales. Pensemos sobre su uso, abuso y nuestra Salud Sexual



Tabaco y alcohol: Drogas legales.

Pesemos sobre su uso, abuso y nuestra salud sexual


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

07   de   Diciembre   de   2018


Podríamos usar horas de nuestro tiempo libre leyendo infinidad de materiales o en conversaciones interesantes entre amigos o conocidos, compartiendo puntos de vista, experiencias y datos de las investigaciones científicas sobre el tema del consumo de las drogas llamadas legales, el alcohol y el tabaco. Aún así, probablemente, no llegaríamos a un acuerdo y muy poca gente reflexionaría sobre estos temas, o peor aún, poquísimos cambiarían su conducta en relación a estas dos drogas disponibles e incluso promocionadas, en nuestra cultura.

Es que, el cambio de actitud ante determinados factores, es el nivel de cambio más difícil de obtener. ¿Por qué? Porque están sustentadas en nuestras creencias, experiencias, modelos de vida, aprendizajes y expectativas sociales, etc., etc., etc. Deconstruir estos procesos armados en nuestro desarrollo personal, lleva tiempo, una decidida voluntad y una opción por un estilo de vida diferente del de la gran mayoría.

Hay muchísimos mitos al respecto de los “poderes” de estas drogas. Una de ellas es la tan mentada “apariencia de madurez” que logra un o una adolescente con un cigarrillo colgando de los labios; pareciera increíble que siga vigente pero, lo es. Otra muy común es la idea de muchas mujeres, jóvenes y adultas, de demostrar “fortaleza” o “modernidad” tumbando tantas copas como hacen los varones, cuando en realidad, hay una cuestión biológica, comprobada –la presencia de mayor deshidrogenasa y agua en el cuerpo de los varones, que les permite procesar más eficientemente el alcohol. Y la mayor presencia de grasa en los cuerpos de las mujeres, que no absorbe el alcohol y puede hacerlas más susceptibles, para iniciar la adicción al alcohol y puede determinar, finalmente otras formas de abuso, en el domicilio, a escondidas, con serias consecuencias en la salud en general y la salud sexual en particular. (1)

Para sustentar lo dicho, solo mencionaremos algunas de las consecuencias biológicas del abuso crónico del alcohol. En los varones, disminuye la testosterona, origina impotencia y disminuye el apetito sexual, pudiendo llegar a la atrofia testicular, esterilidad y la ginecomastia (crecimiento de los senos).  En las mujeres, disminución del apetito sexual, atrofia de ovarios, irregularidad menstrual y obesidad, incluyendo disminución de la lubricación vaginal. (2)

Es poco conocido que el alcohol es un depresor del Sistema Nervioso Central y por eso: “Muchos confunden la disminución de la inhibición con un incremento de la excitación, y creen que el alcohol es afrodisíaco. Pero sus efectos no son tan positivos en la cama.” (3)

"El alcohol aumenta los niveles de azúcar en la sangre, y es el factor principal en el desarrollo de enfermedades cardíacas", sostuvo Castellanos. "Un buen funcionamiento sexual necesita una buena circulación. Si las arterias se obstruyen con placas, afecta la corriente sanguínea que va al corazón, pero también la que se dirige al pene y el tejido del complejo clitoridiano, lo cual tendrá un impacto en la vida sexual." (3)

En cuanto al uso y abuso del tabaco:“Como si no hubiese razones de sobra para dejar el nocivo hábito de fumar –daño a los pulmones, hipertensión, riesgo de infartos y aumento del colesterol, entre otras–, el tabaquismo también puede afectar la vida sexual de las personas.” (4)

En los varones: disfunción eréctil, arterioesclerosis, espasmos en las arterias del pene, menos espermatozoides, atrofia testicular. En las mujeres, menor excitabilidad, falta de lubricación, reducción en rigidez del clítoris, menor fertilidad y complicaciones en el embarazo. (4)

Una de las cuestiones que hace muy difícil la comprensión del público en general, de las consecuencias del consumo de estas drogas legales, es que los efectos no son percibidos a corto plazo, no son visibles rápidamente y sin embargo, paulatinamente se van produciendo modificaciones  internas en el organismo humano, que por lo general, son irreversibles.

La conclusión más rápida y más elemental que se hace necesario comprender es que, tener una buena salud general, está a favor de una buena salud sexual, por eso las recomendaciones clásicas de mantener una dieta saludable, incorporar a la vida una rutina de ejercicios físicos, evitar en lo posible situaciones de tensión y/o contar con mecanismos para copar con el estrés y realizarse controles médicos periódicos, nunca están de más, como la mejor medida preventiva.



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