¿Somos libres para elegir cómo vivir nuestra sexualidad?


¿Somos libres para elegir cómo vivir nuestra sexualidad?


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

03   de   mayo   de   2019



De hecho, sentirse libre, ser libre, no es una experiencia muy común entre la mayoría de las personas. Bueno, tampoco la libertad es el mayor valor, para todo el mundo.

Sin embargo, hoy quiero referirme a esa “ilusión de libertad” que creo tenemos la mayoría y específicamente, para vivir nuestras relaciones sexuales.

Me hice la misma pregunta del título al escuchar a una joven adulta, expresando que había vivido toda su vida como célibe, “por su libre decisión”.  Ella lo sostenía con absoluta seguridad, es más, creo que está muy convencida de ello y al mismo tiempo, casi inocentemente, es víctima de un sistema de creencias que la ha convencido que para ser “buena”, o mejor aún, “santa”, no debe ejercer su sexualidad como espontáneamente lo siente o como se lo dicten sus hormonas, a los más de 30 años que ya lleva viviendo.

Es que somos sometidos a aprendizajes que, en el proceso de incorporarlos, no son cuestionados ya que vienen, por lo general, de las tradiciones en nuestra propia cultura, como mensajes de figuras de autoridad, o de personas con las que tenemos relaciones emocionales importantes en nuestras vidas, incluso de personas que respetamos, simplemente por su inteligencia, su reputación o su manera de estar en la vida.

El problema es, por lo menos así lo creo yo, que incorporamos lecciones, valores, aprendizajes, tradiciones sin mucho pensamiento crítico aplicado a ellos. Los aceptamos por su origen pero no los valoramos en función a cuál es la vida que realmente quiere tener cada uno, como el individuo maduro, diferenciado de sus padres, de la familia, e incluso de la propia cultura.

Lo llamé  “problema” porque creo que es un tema que se encuentra en la base de muchas insatisfacciones que vivimos en el campo de la vida sexual. De allí surgen las ideas, expresadas en preguntas como: “¿y por qué será que no soy feliz, si tengo todo lo que cualquiera querría?

Me gustaría compartir acá unos conceptos claves. Uno es el concepto de libertad sexual y otro la relación entre creencias religiosas y sexualidad.

La libertad sexual es la facultad de la persona para auto determinarse en el ámbito de su sexualidad, sin más limitaciones que el respeto a la libertad ajena, facultad que se expande hasta utilizar el propio cuerpo a voluntad, seguir en cada momento una u otra tendencia sexual, hacer y aceptar las propuestas que se prefieran, así como rechazar las no deseadas.”   (1)

Esta simple enunciación ya nos confronta a varias situaciones donde, muchas veces, no actuamos con libertad. Por ejemplo, cuántas personas, realmente, expresan con libertad lo que desean sentir en un momento de intimidad?  O cuántas otras rechazan aquellas propuestas que no les producen placer, sin pensar “debo hacerlo porque es mi marido, pareja o novio/a y él/ella lo desea?”

El otro concepto es el de creencias religiosas y sexualidad:

“La relación entre religión y sexualidad implica una moral sexual, entendida no tanto como parte de la moral general o común a todos, sino como la parte de la moral religiosa que implica restricciones u obligaciones al comportamiento sexual humano. Varía enormemente en el tiempo entre unas y otras épocas, así como entre distintas civilizaciones. Las normas sociales, los estándares de conducta de las sociedades en cuanto a la sexualidad, suelen ligarse a creencias religiosas de una u otra religión.” (2)

Es decir, las creencias religiosas por lo general, implican restricciones u obligaciones, las cuales aprendemos a considerar como “lo que hay que hacer”, “lo que está permitido”, “lo correcto” y como las creencias dirigen nuestra conducta, en muchas ocasiones no nos permiten expresarnos libremente.

Vivir la vida en plenitud es una hermosa frase, un ideal y un derecho de cualquier ser humano. Vivir nuestra sexualidad con libertad, debería ser un objetivo vital para todos/as. Sin embargo, los obstáculos están allí, alrededor de nosotros y muchas, muchísimas veces, dentro de nuestra propia mente, agazapados en las creencias y en las enseñanzas de nuestra propia cultura. Aprendamos a reconocerlos, identificarlos y modificarlos ya que hacerlo nos permitiría vivir con más bienestar físico, psicológico y social.



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