¿Qué clase de hombre sos vos?



¿Qué clase de hombre sos vos?


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

07    de   junio   de   2019



Esta pregunta la hemos hecho algunos, por ahí, a lo largo de la vida y también la hemos escuchado hacerla a muchos de nuestros hermanos, amigos, novios, maridos, vecinos.

Es una pregunta que parece tener solo dos respuestas posibles:

1) Sos el hombre macho, reflejo de nuestra cultura, el que cuida, protege, provee, el súper hombre, el que ama con posesión y también controla, supervisa, censura, limita, por lo general implacablemente rígido y exigente, como “deber ser”... o

2) Sos el hombre “débil”, diferente del tradicional, el que comparte el cuidado, los planes, el presupuesto, las decisiones, sus sentimientos, sus dudas y sin embargo también cuida, atiende, ama y aprende que el otro/la otra NO es su posesión, sino otro ser humano en desarrollo, perfectible, deseoso de dar y recibir lo mejor de uno/a mismo/a.

Pero, para este otro hombre, hay una censura social, normativa, este no es el que se espera y además, tenemos palabras muy particulares en nuestro vocabulario, amplio, que incluye el español y el guaraní. Este es el: kuñá’í, el indefinido, el flojo, el dominado o el “lorito óga”. Y justamente, a este hombre diferente es a quien más se le pregunta: “¿qué clase de hombre sos?” porque no responde al modelo tradicional, dolorosamente ligado a la agresividad y a la violencia.

“Los hombres construyeron su identidad sexual con base en una masculinidad hegemónica y heterosexual, que durante mucho tiempo fue tomada como referente social.

A demás del género, la construcción de la masculinidad tradicional está también relacionada con otras categorías, como la clase social, la etnia y la orientación sexual. La masculinidad hegemónica se entiende como blanca, con poder adquisitivo y heterosexual.”

…”La masculinidad hegemónica defendía que la autoridad es masculina y se ejerce con fuerza física, y durante siglos los hombres juraban que la honra se lava con sangre y con esa sangre mancharon la historia, pues el hombre que es un verdadero “macho” sabe y quiere pelear. Y durante esos mismos siglos, los hombres perdieron la posibilidad de abrazar a sus hijos e hijas, de jugar con ellos, de sentirse tristes y de llorar sin remordimiento ni vergüenza, de tener relaciones parejas y no dominantes con las mujeres.” (1)

Con esta concepción de ser hombre, machista, patriarcal, los mismos hombres han sido y siguen siendo víctimas forzadas de responder a la expectativa cultural, cercenando su derecho a sentir y expresar sentimientos, y vivir su propia humanidad con mayor espontaneidad y libertad.

Sin embargo, ya hace muchos años, durante los años 70, como resultado de las conquistas de los derechos de las mujeres, su ingreso al mundo del trabajo, el control de la reproducción  y su participación en las luchas políticas modificó esta identidad masculina dominante, afectó a los hombres y les permitió repensar su forma de “ser hombres” y descubrir modos alternativos.

Ya desde los años 80, los mismos hombres han comenzado a reflexionar sobre la pregunta: ¿"Qué es ser hombre hoy?” “¿Qué clase de hombre quiero ser yo?”.  Es muy importante recalcar que muchos hombres no se identificaban ya con el modelo tradicional, no sentían que les representara ni querían imitarlo, sobre todo por el componente de violencia implícito. Y es así que hoy, el espacio de trabajo de prevención de la violencia es uno que también preocupa a los varones más sensibles y sensibilizados de nuestras sociedades.

‘El poder tiene dos caras, uno de dominio, de avasallamiento y un poder que integra, que dialoga, que nos hace cooperativos…” (2)

“Así, aún siendo relativamente pocos y poco divulgados, es fundamental hablar sobre el estudio de las masculinidades (Men’s Studies), es decir, las corrientes teóricas que estudian la masculinidad y que se han dedicado a “la visibilización y critica de la existencia de una masculinidad hegemónica y dominante, excluyente y agresiva, modelo genérico para la dominación del varón sobre las mujeres y sobre otros varones”. Surgieron en la década de los 80, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y Suecia y van ganando cada vez más investigadores e investigadoras.” (1)

La única conclusión es que no existe una única manera de “ser hombre” y de esta mirada surge un vocablo en plural, con el cual sería muy bueno ir familiarizándonos: masculinidades.

“Es el estudio, el análisis de sujetos hombres, individuos hombres, como productos de un género específico, de un sistema cultural, social e histórico, donde se nos enseñan ciertos atributos, ciertos valores, ciertas conductas propias de un deber ser masculino. Entonces las masculinidades tratan de analizar, interpretar y comprender por qué hacemos lo que hacemos desde una postura masculina, otra vez, desde un deber ser hombre…”. (3)

Así, se viene observando un crecimiento en el número e impacto de organizaciones de hombres contra la violencia machista, que apoyan las luchas de las mujeres (pro feministas), o que organizan grupos de suporte para repensar la construcción de sus roles de género de una forma más equitativa y socialmente justa. (1)

Sin duda, el cambio en la definición de: ¿“Qué clase de hombre soy yo? Necesariamente conlleva a una revisión del rol tradicional femenino, ya que plantea desafíos en las expectativas de cada uno, dentro de las relaciones amorosas y sexuales.



Referencias:


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