Mujeres y Varones: ¿Qué pasa cuando las miradas NO se encuentran?



Mujeres & Varones: ¿Qué pasa cuando las miradas NO se encuentran?


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

04  de  Septiembre de  2018




Puede sonar trillada, esa frase de “las mujeres son de Venus, los varones son de Marte”… No muchos habrán leído este best-seller de John Gray pero, esta es la frase más común para indicar la manera diferente en que mujeres y varones miramos la vida, y dentro de ella, la sexualidad.

Este tema lo podríamos encarar desde muchos puntos de vista. Yo elijo hacerlo desde la concepción generalizada del amor y las relaciones de pareja que nos han enseñado, modelado, inducido… y que hemos ido absorbiendo con nuestro desarrollo personal, físico, emocional e intelectual. Diferentes autores explican esta manera aparentemente opuesta de los dos sexos de estar en la misma realidad, y la acusan de muchos de los problemas que se pueden identificar en las parejas.

Mujeres y hombres somos personas, seres humanos con ideales y objetivos, con un cuerpo y sus características particulares, con capacidades y habilidades para cursar el camino de nuestras vidas. Sin embargo, en el Siglo XX se ha comenzado a reconocer a la mujer como un componente activo de la sociedad, un ser productivo y con los mismos derechos que antes solo se reconocían a los varones. Este paso en la historia de la humanidad, ha significado diferencias en muchos ámbitos de la vida humana, y así también en el campo de la sexualidad.

En varones y en mujeres, tanto nuestra base biológica, como los pensamientos y emociones que generamos se combinan con nuestro modo particular de crianza y dan como resultado nuestras creencias, nuestras maneras de estar en el mundo y nuestras formas de comportamiento. Además, no podemos cansarnos de repetir y de considerar, la gran importancia que tiene el peso de la cultura en la que vivimos, para la definición de nuestra particular manera de ser, nuestra identidad, en la que va inserta también nuestra identidad sexual.

Si deseamos comprender la conducta sexual de mujeres y varones es esencial la valoración de todas las personas, desde su dimensión humana, aprender y reconocer las llamadas diferencias de género, que se dan entre varones y mujeres dentro de una cultura, y que van cambiando en la historia. Además, tenemos que considerar la unicidad de cada ser humano, por lo cual ninguno es igual al otro o la otra.

Hechas estas aclaraciones, sin embargo debemos recurrir a generalizaciones, para explicar por qué tantas veces, hombres y mujeres, también en el campo de la sexualidad, parecen estar hablando distintos idiomas, o tener expectativas tan diferentes unos de las otras y viceversa. Una vez más necesitamos considerar tanto los factores biológicos, como los emocionales, los intelectuales y los culturales (ambiente de crianza).

Las formas fisiológicas externas como las internas, de los aparatos sexuales de varones y mujeres, como su funcionamiento, presentan diferencias. En consecuencia, lo que llamamos la RSM (Respuesta Sexual Masculina) y RSF (Respuesta Sexual Femenina) también son distintas. La RSMasculina tiende a ser más rápida y directa en un hombre saludable, dado que la estimulación de los genitales, órganos externos (pene y testículos) ya puede llevar al orgasmo. Sin embargo, la RSFemenina es más compleja, dada la mayor cantidad de componentes –internos y externos- (clítoris, vagina, labios mayores y menores, monte de Venus, a los que hay que agregar los senos) y porque estimular uno solo de los órganos sexuales no es necesariamente suficiente, para lograr la excitación, ni llegar al orgasmo.

En nuestra cultura hemos escuchado desde que somos pequeños, observando las conductas de la gente, afectados por los medios de comunicación, hoy incluyendo a las Redes Sociales. Todo esto ha reforzado los estereotipos sobre las ideas, las emociones y las conductas de ambos sexos, cuando las personas están involucradas en una relación amorosa. Por tanto, se da por descontado que las mujeres precisan experimentar más emociones del tipo sentirse amadas, atendidas, que puedan confiar en la persona y sentirse  seguras, para realmente involucrarse con otra persona. Por otro lado, asumimos que el hombre desea sentir que es importante, que se precisa su apoyo y ayuda, que sean valoradas sus expresiones de afecto y que lo acepten sin condiciones. Además, desea ser respetado y si es posible, admirado, para conectarse profundamente y sentirse comprometido. En una relación de pareja, ninguna de estas maneras es mejor que la otra, son simplemente diferentes. Estas expresiones son generalizaciones, por tanto no son aplicables a todas las personas. Lo positivo es aprender acerca de nuestro propio sexo y del opuesto, tanto los aspectos biológicos como los relacionales.

Con una mejor comprensión de qué necesitan o esperan de una relación  amorosa un hombre o una mujer, se pueden conocer también las razones, por las cuales puede generarse poca satisfacción en uno u otro miembro de la pareja. Por ejemplo: Si un hombre disminuye la importancia de los sentimientos de su pareja o prioriza a los niños o el trabajo, una mujer puede sentirse poco amada, por no ser ella el centro de su atención. O cuando una mujer no reconoce lo que él hace por ella pero, se queja de lo que no ha hecho, el hombre  puede sentir que ella lo toma todo por seguro, y no sentirse suficientemente amado porque ella no demuestra aprecio por lo que él hace.

Cuanto antes en la vida aprendamos a incorporar nuestra sexualidad, con todos los aspectos que ella implica, como parte integral de nosotros mismos, podremos vivir con naturalidad y saludablemente nuestras experiencias. De ahí la importancia de hacer que los niños y los más jóvenes se sientan cómodos con su sexualidad, lo cual permitirá que busquen información sin prejuicios, científica, que les ayude a crecer sanamente. Muchos temas permiten charlar con ellos sobre sexualidad. La misma comunicación, las relaciones que desarrollamos con las y los otros, la vivencia de intimidad, pueden contribuir a comprender la propia sexualidad, así como la del otro o la otra para que, finalmente podamos ir disminuyendo esa brecha, esa diferencia que experimentamos para la comprensión de la sexualidad  propia y la del otro, y lograr, gracias a la información adecuada y a una oportuna educación general, que incluya la educación sexual, un mundo donde varones y mujeres podamos disfrutar, no de Marte ni de Venus, por separado, sino de nuestra hermosa Tierra, juntos.

 




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