Mes del padre en Paraguay: celebrar el amor y el cuidado


Mes del padre en Paraguay: celebrar el amor y el cuidado


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

17    de   julio   de   2019



Hace un mes celebramos el “Día del Padre” en Paraguay y asistimos a la catarata de publicidades, sobre maneras de agasajarlo, desde todos los medios masivos de comunicación y las redes sociales. Claro, el marketing siempre habla de “qué” (objeto material) es el que está de moda, es el ideal, o el irremplazable regalo.

No hay conceptos más idealizados en nuestra cultura que los de ser madre y ser padre, aunque la gran mayoría, aprendió a serlo por la propia experiencia, bajo las circunstancias individuales que le tocó vivir. Casi, casi podríamos decir que hay tantos modelos de padre o de madre, como clases de personas cumplen esos roles.

Este es un tema digno de conversaciones entre amigos/as. Si lo revisan con sus pares, pueden obtener respuestas sorprendentes entre la idea y la realidad del ejercicio del rol. Una cuestión llamativa en Paraguay es que siendo las mujeres un alto porcentaje de las “cabezas” de hogar, se sigue insistiendo en el modelo familiar “mamá, papá, hijo”, como el ideal y, se habla de ese modelo como el deseado en nuestra sociedad, simplemente, “porque así debe ser”, según la tradición y las “buenas costumbres”. Sin duda, ese es un modelo muy cuestionado hoy, a pesar de las personas, sobre todo fanáticas religiosas, que lo sostienen como único.

Lo primero que debemos aclarar es que “ser padre” es un rol, no una asignación que corresponde a una persona de sexo masculino solamente ni está en función a haber proveído el espermatozoide con el que se completó el huevo, que se desarrolló como el/la bebé que nació. Cumplir las funciones de amor y cuidado son las tareas centrales de un padre.

Con respecto a cómo se relaciona con nuestro desarrollo sexual el modelo de padre que nos tocó conocer, hay varias miradas, algunas que representan ideas bien “cliché” en nuestra cultura y otras que revelan como los tiempos van cambiando y moviendo en nuestras mentes también, estos conceptos que parecían escritos “en piedra”.

“El sexo y la sexualidad son aspectos complejos de la vida de todo adolescente para la construcción de su ser; es una dimensión esencial de la persona y está presente desde el momento de la concepción impregnando a todo el individuo en una realidad profundamente personal que lleva a convertir a los/las adolescentes en adultos.

Es en la adolescencia donde emerge el fenómeno sexual debido a la necesidad de reafirmación de la identidad sexual y personal lo que conduce a tener en los/las jóvenes un mayor interés en los temas eróticos y sexuales buscando información sobre el desarrollo de sus órganos sexuales, reproducción y acto sexual entre otros.

Hoy en día, los/las adolescentes tienen información variable, deformada e insuficiente sobre el sexo proveniente de diversas fuentes como lo es su grupo de pares (otros adolescentes) adultos significativos para ellos/ellas y de la TV e Internet, pero esta información no se traduce en comportamientos preventivos de las/los jóvenes en sus prácticas sexuales observándose una realidad indesmentible: los/las adolescentes se inician sexualmente en forma cada vez más precoz y si no se toman las medidas necesarias, las tasas de embarazos adolescentes, las infecciones de transmisión sexual, especialmente el virus de inmunodeficiencia humana/síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH/SIDA) y el aborto de riesgo seguirán siendo frecuentes en el sector juvenil. (1)

Entiendo que habría un consenso general ante la lectura de estas frases previas. Sin embargo, ¿qué es lo que realmente impacta y define las ideas, creencias y actitudes para el desarrollo del rol paterno que pueda formarse en la mente de alguien, niño/a, adolescente varón y mujer? Sin duda, es lo que hemos vivido dentro de nuestros círculos familiares primarios. Lo que uno ve, siente y observa en sus modelos de “padre” será probablemente replicado en el propio modelo en formación o por el contrario, será lo opuesto. Los seres humanos no somos copias exactas de nuestros antecesores, tenemos aspectos en común pero, somos nosotros mismos, únicos, siempre en una nueva versión. Ocurre que si por alguna vivencia, por ejemplo, la de la violencia familiar, rechazamos ese modelo de padre que nos toca conocer, muchas veces vamos a formar un modelo opuesto al que hemos vivido. Algunas personas necesitan apoyo psicológico, para poder realmente elaborar un modelo diferente, del que impone el mandato familiar histórico.

Sin embargo, los cambios culturales y los avances de los tiempos, van determinando alternativas de los modelos tradicionales. El siguiente párrafo sintetiza algunas diferencias que se plantean los jóvenes de hoy, presentadas en un estudio cualitativo con adolescente varones, sobre la percepción del rol masculino:

“Si bien se pudo apreciar que las percepciones y valoraciones en general concuerdan con el estereotipo del rol sexual masculino tradicional, también se pudo observar manifestaciones que dejan en evidencia el interés de los jóvenes por flexibilizar el rol masculino. Esto se hace particularmente evidente en aquellos aspectos vinculados a la experiencia  afectiva así como también  a la definición del rol de proveedor. (2)

Es decir, hay una reivindicación del derecho de expresión de los afectos de los varones y una rebeldía ante el pesado deber de proveer. Cuestiones que hoy en día, muchas mujeres como varones consideran que deben ser más igualitarias. 

“Los padres también son los primeros artífices de la conciencia moral de los hijos y aunque la educación sexual es parte importante de las funciones de los padres y las madres, esta no es asumida adecuada y efectivamente puesto que una buena proporción de padres y madres dejan al azar la educación sexual de sus hijos, evitando asumir una posición proactiva e intencional y delegan en la escuela y en los medios de comunicación esta responsabilidad.” (3)

“A modo de conclusión, la construcción y el desarrollo de la paternidad dependen de diversas variables tales como el contexto social y cultural, su situación actual, entre otros y la conjunción de todas determinan la manera en que el padre se vincule con su hijo.” (4)

Para terminar, hallamos una clara relación entre el modo en que se percibe el rol paterno en nuestras propias experiencias de desarrollo y el modelo que finalmente se delinea como nuestra expectativa de este rol. Es decir, para cambiar roles masculinos sexuales no deseados, debemos hacer una profunda reflexión sobre el modelo de paternidad que hoy proveemos a nuestros niños/as y jóvenes mujeres y varones.



Referencia:

Comments