La paradoja de la atracción sexual



La paradoja de la atracción sexual y qué nos conflictúa tanto


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

17  de  Agosto  de  2018


Los conceptos, las percepciones, las vivencias y las conductas humanas siempre se enmarcan en la cultura circundante. Esta nos enseña bien o mal, nos marca y nos exige seguir sus mandatos.

Es así como aprendemos a idealizar exageradamente las expectativas con relación a nuestras parejas, convirtiéndolas en entes imposibles de existir en la realidad. Por otro lado, aprendemos una especie de dicotomía entre los aspectos biológicos, emocionales e intelectuales que hacen a una buena relación de pareja.

Muchas veces existe incluso una desvalorización de lo biológico, como parte componente de una relación de pareja y por otro lado, una sobrevaloración de lo emocional, que se equipara incluso a lo espiritual. ¿Qué quiero decir?  Por un lado esperamos románticamente que llegue a nuestras vidas una persona que pueda “llenar” todas las expectativas idealizadas: por una parte que encaje con nuestro modelo de relaciones sexuales excitantes, divertidas y satisfactorias (el o la amante perfecto/a); que esa persona comparta cuales sean nuestros intereses en la vida (leer, viajar, hacer deportes, comer, tomar, ir a la iglesia, etc.) y que además, sea inteligente, encantador/a, creativo/a, bello/a, rico/a,  aprobado por nuestros amigos y amigas, y por supuesto por la familia. Lastimosamente, muchas personas permanecen en una relación por largos periodos de tiempo solo en base a uno de esos muchos aspectos y, tratando de “completar” con realidades o fantasías ese ideal soñado,engañándose a sí mismas, aunque cueste admitirlo.

Cuando se trata de una fuerte atracción física, se tiende a desvalorizar esta relación, cuando en verdad pudiera ser una experiencia placentera de aprendizaje y de satisfacción personal. Esto se debe a que nos han enseñado que, como somos “seres superiores” en la cadena de la evolución, no podemos permitirnos buscar o disfrutar solo el componente biológico de lo que “debería” ser una completa y total sintonía con el otro o la otra.

En oposición, cuando se da una coincidencia de intereses y se comparten con la otra persona algunos ideales y valores, tendemos a pensar que la relación física será naturalmente satisfactoria… Pues no siempre es así y, en algunos casos, al llegar a la intimidad física y no darse la atracción o el deseo, se tiene la sensación de haber cometido un error al intentar intimidad física con un amigo/amiga, con quien se tenía la vivencia del compañerismo y la complementariedad emocional. Peor aún, se puede vivir esta experiencia como un fracaso en la capacidad de dar o recibir placer.

Todos deseamos lograr en la vida esa relación completa, integral, ideal. Sin embargo, como seres humanos debemos reconocernos en todos nuestros aspectos componentes y valorarlos de la misma forma, a ninguno debiéramos darle un mayor peso o importancia, pues todos son relevantes y hacen al todo. Disfrutar sin culpa de una buena complementariedad física que produce placer sexual es válido, como experiencia humana y no nos convierte en animales inferiores, dado que nuestro organismo lo busca y lo disfruta. Del mismo modo, coincidir con alguien en los intereses principales y en la manera de vivir la vida, es tan relevante como necesario pero puede no ser todo lo que nos permite sentirnos plenos. Esa relación ideal, o la más aproximada a lo ideal, puede construirse desde cualquiera de los componentes. Sin embargo, lo que no está garantizado es llegar a esa relación “perfecta”, mientras tanto es bueno permitirnos descubrir y conocer lo que nos gusta, nos complace y nos hace bien, física y emocionalmente, con responsabilidad adulta.

“Muchas de las experiencias de nuestra vida que consideramos transcendentes activan en nuestro cerebro una especie de botón de recompensas. La evolución nos ha cableado para que sintamos placer con una gran variedad de experiencias, desde meditar hasta masturbarnos, saborear un cabernet sauvignon o comernos un buen plato de carne”, señala David L. Linden, profesor de Neurociencias de la Escuela Universitaria de Medicina John Hopkins y editor jefe de Journal of Neurophysiology. Linden acaba de publicar La brújula del placer (Paidós).”

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