El deseo femenino y algunas condiciones culturales que lo limitan



El deseo femenino y algunas condiciones culturales que lo limitan


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

09    de   Octubre   de   2019



Una de las fases de la Respuesta Sexual Humana (RSH), en la que pueden generarse trastornos sexuales es la llamada “Fase del Deseo”. Como todas las fases que componen el diagrama para describir un fenómeno humano e íntimo como el de la RSH, esta fase está rodeada de mitos e ignorancia.

Me gustaría reflexionar hoy cómo, condiciones simples que hacen a la vida cotidiana de la mujeres, y restricciones culturales impuestas a los roles de género, determinan e influencian la expresión del deseo sexual de las mujeres.

El deseo sexual se describe como una fase de apetito o impulso previo a la excitación producido por la activación de un sistema neural específico del cerebro. “Mientras la excitación y el orgasmo afectan a los órganos genitales, el deseo sexual constituye la fase de estimulación interna, por pensamientos y fantasías, y externas, por ejemplo, la visión de una pareja atractiva, que desencadena la respuesta sexual”, explica la médico de atención primaria María José Tijeras.

El deseo sexual depende de cada persona y de cada circunstancia, pero en líneas generales se pueden distinguir tres tipos de deseos:

Deseo de descarga de la tensión sexual. Relacionado con la hormona testosterona. Típicamente masculino. Suele inhibirse por enfermedad o hastío.

Deseo de ser deseado. Surge de la necesidad de autoafirmación. Está relacionado con los neurotransmisores y las alteraciones de autoestima. Es propio de un perfil más femenino.

Deseo de encuentro mutuo. Cuando existe contacto y sincronía en situaciones de intimidad. Se inhibe por desavenencias y problemas de comunicación.

Además de al inicio de la actividad sexual, el deseo está relacionado con otros factores motivadores esenciales: la necesidad de unirse, abrazar, de amar y ser amado, de sentirse seguro, de sentirse dominado, de realizar una conquista, etc.” (1)

Fisiológicamente… “El deseo sexual y la excitación tienen su origen en el hipotálamo (la parte más primitiva del cerebro) donde se dan una serie de conexiones y reacciones químicas que hacen que el cuerpo esté preparado –y deseoso– de practicar sexo.

Hasta ahora se sabía que, en ambos sexos, en esta reacción biológica influye principalmente el aumento de los niveles de testosterona en la sangre. Sin embargo, parece que surge una diferencia más entre hombres y mujeres.

Según un reciente estudio publicado en la revista Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, el deseo sexual femenino no es puramente hormonal sino que está relacionado con la estabilidad emocional de la mujer con la otra persona.  

Como explica Jen Christensen en un artículo publicado en la edición digital de CNN, esta investigación demuestra que “las mujeres necesitan algo más que un simple encendido”.


El papel de la testosterona

La ciencia explica el deseo sexual en base a los niveles de testosterona en sangre. En el caso de los hombres, esta hormona les ayuda a mantener la erección durante el coito, mientras que para las mujeres actúa especialmente aumentando su libido.

Sin embargo, el doctor John Randolph, director de la investigación, y su equipo parecen haber encontrado que el papel de la testosterona en las mujeres no es tan importante como otros factores psicológicos.

De hecho, en el caso de las mujeres que se encuentran en la etapa de la menopausia o aquellas a las que se les han tenido que extirpar los ovarios, los niveles de esta hormona son mucho más bajos y, sin embargo, han demostrado que no tiene por qué ser determinante en sus grado de excitación y deseo sexual.

Es decir, la testosterona en sangre no es determinante en que las mujeres se muestren más o menos dispuestas a querer practicar sexo. La pregunta está clara: si el deseo no responde a una respuesta química del organismo: ¿qué necesitan las mujeres?

La combinación perfecta: deseo sexual y el bienestar emocional

Los resultados del estudio mostraron que las mujeres cuyo estado de ánimo era más estable y se sentían tristes en menos ocasiones, sentían un mayor grado de deseo sexual y mantenían relaciones más placenteras. Estar satisfechas emocionalmente en su relación tenía más influencia en el deseo sexual que los niveles de testosterona u otros factores biológicos. Según este estudio, “el estado de ánimo y tener una sensación de salud y bienestar general, son clave para que las mujeres tengan un mayor deseo sexual”, explica Randolph.

No, no falta una pareja

No es que el estudio determine que haga falta una pareja. En todo caso, se habla de la estabilidad emocional de las mujeres como factor influyente en su apetito sexualEstar y sentirse bien con ellas mismas aumenta su seguridad y por tanto ayuda a disfrutar más de todos ámbitos de la vida, incluido el sexo. (2)

Ahora, además de estas diferencias encontradas en varios estudios, podemos mencionar también que: “Las paraguayas dedican una media de 18,3 horas semanales al trabajo doméstico no remunerado frente a las 5,3 horas a la semana que emplean los hombres en las tareas del hogar, según la primera Encuesta Uso del Tiempo en Paraguay.” (3)

Esta situación nos retrotrae a una situación de desigualdad con relación a la responsabilidad de las tareas domésticas, entre varones y mujeres. ¿Qué tipo de sentimientos puede tener una mujer que vive esta situación como injusta e impuesta? ¿Cuál será su estado de ánimo, al momento de responder a la demanda sexual de su compañero? No es difícil imaginar que estará físicamente más cansada y con una sensación pobre de bienestar general, todo lo cual no contribuye precisamente a mejorar su autoestima.

Además, un estudio de ONU Mujeres Paraguay, ha indicado una diferencia del 24% entre el salario de las mujeres y los hombres. (4) Esta realidad, refuerza la fuerte creencia de que el rol central o único de las mujeres, es el rol reproductivo (entendiendo por éste la crianza y el cuidado de los hijos, las tareas domésticas y el funcionamiento de la familia), ya que desde una valoración puramente económica, no valdría la pena que la mujer abandone el espacio del hogar, para obtener un salario que no se justifique en ingresos económicos, lo cual puede limitar la realización de las mujeres en otros ámbitos más allá del doméstico.

Estos dos factores, la mayor dedicación en horas semanales de las mujeres a las tareas domésticas, no reconocidas como trabajo remunerado y; la diferencia salarial entre hombres y mujeres en el Paraguay, son dos aspectos que pueden sumarse negativamente, para que las mujeres experimenten o expresen deseo sexual, ya que no contribuyen a que vivan con esa satisfacción emocional, tan relevante para las mujeres, según los estudios citados.

Algo muy positivo, sin embargo es que estos factores pueden ser cambiados, cuando revisamos la distribución de las tareas en el hogar y cuando apoyamos y logramos condiciones más igualitarias, en el ámbito laboral, para las mujeres, lo cual podría favorecer el mayor disfrute y salud sexual de mujeres y varones.



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