Dinámica de las relaciones: Las relaciones y sus dinámicas




Dinámicas de las relaciones: Las relaciones y sus dinámicas


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

28    de   Enero   de   2020


Esta semana me enfrenté con situaciones que me hicieron reflexionar cuan poco conscientes somos de que funcionamos como piezas adaptables, en nuestras relaciones personales. Por lo general, cada uno de nosotros tiene una percepción de sí mismo/a y en muchos casos, damos a otras personas definiciones de nosotros mismos, como si fuéramos formatos rígidos con los cuales respondemos invariable y permanentemente.

Me gustaría invitarles hoy a pensar cómo funcionamos en relación a las maneras en que distintas personas se acercan o se interrelacionan con nosotros. Por ejemplo: dependiendo de nuestras personalidades de base, si una persona conocida por su agresividad  se nos acerca, algunos se pondrán en alerta, tendrán en la punta de la lengua alguna respuesta preparada, y otros ensayarán una rápida escapada de la escena en cuestión. Quiero llevar esta comparación al plano de las relaciones amorosas y también sexuales.

Nuestras experiencias personales van dejando huellas en nuestra memoria, y forjan nuestras actitudes futuras. Es la manera en que aprendemos y vamos sumando elementos, que dependiendo de los casos, pueden llevar a totales positivos, neutros o negativos.

Una joven mujer, con un esquema tradicional de cómo “debe” funcionar en una relación con un hombre, tendrá expectativas y actitudes preconcebidas, en base a sus conocimientos, aprendizajes y experiencias. Digamos que no habría grandes sorpresas, si el hombre en cuestión también fuera de una mentalidad tradicional, con esquemas marcados de lo que “debe” ser su rol o funcionamiento, dentro de la misma cultura. Por ejemplo, si la busca con su coche para una cita, ella esperaría que el joven abra la puerta del auto, para que ella suba. Otra seria la historia si el varón en cuestión fuera de una mentalidad más liberal, poco aferrada a las tradiciones. Esta última posibilidad requeriría adaptaciones y demandaría otro tipo de esfuerzos en la conformación de la pareja.

Nuestra cultura nos marca con pensamientos distorsionados, que impactan en el área emocional y sexual. “Debes encontrar al amor de tu vida”, “Aquella mujer que despierta en vos la pasión más fuerte, será esa…única”, “El amor es para siempre”, “No puede haber sexo bueno sin amor”, “El hombre que te trata como una reina, ES el que el destino te estaba guardando”, “Solo se ama una vez de verdad” y podríamos seguir así at eternum… (1)

En consecuencia, sobre todo si no somos capaces de cuestionar estas creencias, nos pasamos la vida buscando ESE ser que responda a nuestras expectativas…irreales y muchas veces, nos perdemos de vivir oportunidades buenas en la vida que, aunque no terminen en “fueron felices y comieron perdices” son espacios y experiencias que nos ayudan a conocernos mejor, a crecer y aprender cuales situaciones o deseos son, realmente, los que nos guían hacia una vida más satisfactoria y plena. (2)

El fondo de la cuestión es que en general, las personas tenemos varias o muchas experiencias de relaciones amorosas y sexuales, de distinto tipo. Y, a pesar de eso, tendemos a pensar que, si no funcionó esta vez, también se “fracasará en la próxima”. Sin embargo, el mantenerse abierto o abierta ante nuevas relaciones, nos puede dar sorprendentes experiencias. Esto tiene que ver con el fenómeno de la dinámica de las relaciones humanas, simplemente. Hay personas que nos invitan a abrirnos, a ser mas espontáneos, a mostrarnos como verdaderamente somos y hay otras que despiertan nuestros temores y miedos profundos lo que nos lleva a  actuar de modos muy distintos, dependiendo de la dinámica que se establezca, y que pueda ser trasladada al campo sexual.

Los seres humanos estamos en permanente cambio, nos transformamos constantemente y algunos elementos de nuestro entorno nos afectan y son afectados por nosotros. Así como cuando hablamos de la neuro-plasticidad, o sea la plasticidad cerebral, encontramos que…

"La plasticidad cerebral se refiere a la capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y su funcionamiento a lo largo de su vida, como reacción a la diversidad del entorno…

La plasticidad neuronal representa la facultad del cerebro para recuperarse y reestructurarse. Este potencial adaptativo del sistema nervioso permite al cerebro reponerse a trastornos o lesiones, y puede reducir los efectos de alteraciones estructurales producidas por patologías…” (3)

Así también podemos hablar de la “plasticidad” de nuestra conducta, que se adapta, moldea, redefine, en función de las relaciones que establecemos con diversas personas, de diferentes estilos personales y también variadas preferencias sexuales.

Aprender sobre nosotros mismos, qué nos pone contentos, qué nos motiva o qué nos desilusiona permite que en distintas interacciones, podamos ir afinando nuestro ajuste al otro o la otra. Convencernos de que nuestros “destinos” no están escritos en ninguna roca sagrada o inmutable, nos permitirá tomar el control de nuestras vidas y también cambiar el rumbo, cuando las condiciones no sean las más placenteras ni saludables. Relaciones diferentes aportan dinámicas,  espacios de posibilidades, también distintas, a descubrir.


Referencias:


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