¿Cuál es la relación entre nuestra propia Educación Integral de la Sexualidad con nuestra experiencia sexual y vital?



¿Cuál es la relación entre nuestra propia Educación Integral de la Sexualidad con nuestra experiencia sexual y vital?

Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

19 de diciembre del 2020



Polémico siempre el tema. Cuando en Paraguay decimos Educación Integral de la Sexualidad, algunos asienten con la cabeza y afirman que este tema es una gran necesidad que tenemos como sociedad. La gran mayoría, sin embargo, entra en pánico, escandalizada afirma que viene el fin del mundo y que los poderes dominantes nos están “colonizando” … Ay, ¡che- Dio! (y conste que no soy religiosa, ya hace muchos años, aunque me considero un ser fuertemente espiritual…) Esta exclamación en nuestro vernáculo “jopara” refleja el tremendo cansancio que puede tener una persona con mis años, de escuchar las mismas frases sin sentido lógico, que solo reflejan el pensamiento tradicional, estrecho y limitado, para relacionarse con la realidad del mundo de hoy.

¿Qué es la EIS? Dice la UNESCO:

«La educación integral en sexualidad se ha definido como «un enfoque culturalmente relevante y apropiado a la edad del participante, que enseña sobre el sexo y las relaciones interpersonales a través del uso de información científicamente rigurosa, realista y sin prejuicios de valor». (UNESCO, 2009) (1)

¿De dónde puede la gente que la cuestiona sacar todo ese tipo de delirios, citados anteriormente? ¡No tengo la más pálida idea! Mi conclusión es por lo general, que sus propios prejuicios, creencias limitantes y falta de información y educación, les hace ver fantasmas donde no hay.

De cualquier manera, mi intención es hoy reflexionar con ustedes acerca de cómo afecta a cada individuo, su propia educación integral de la sexualidad, en su propia vida, en sus decisiones y por supuesto, en su propia manera de vivir su sexualidad adulta.

Para esto les propongo un intimo y personal ejercicio de memoria. Revivamos nuestros años adolescentes o incluso preadolescentes, …cuando sentíamos que nuestros cuerpos se nos agrandaban sin control, que nos enfrentábamos a emociones cuyo origen no entendíamos, con ideas que nos avergonzaban, muchas veces y ni sabíamos cómo comunicar. ¿Cómo resolvimos, nosotros y nosotras, adultos hoy, esas experiencias que nos llenaban y en muchos casos, nos sobrepasaban emocionalmente?

Desde los datos de la Sexología Clínica, me arriesgaría a decir que la gran mayoría, no las resolvió de ninguna manera, asumió resignadamente, que era el proceso de crecer, que el miedo y la incertidumbre eran parte de ese tiempo y que, buscando información en cualquier fuente, no necesariamente las más confiables, entre los pares, por ahí, por el camino, se irían resolviendo nuestras dudas y temores, como lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos.

Luego, cada uno/a, podrá seguir escudriñando su propia historia sexual. Cuando decidimos o nos ocurrió simplemente, tener nuestro primer acercamiento erótico con alguien, cómo y cuándo nos involucramos en una relación que algunos podrían llamar noviazgo, lo cual ya iba más allá del flirteo, y el “ese muchacho, o esa chica me gusta” y según los estándares, se cumplían los requisitos para llegar a esa calificación social de “ser novios”.  Y aquí, hay todo un mundo por descifrar también. ¿Tratamos como igual al novio o novia que nos tocó entonces? Pensamos que éramos sus dueños/as porque había habido unas palabras de ser el uno para el otro? ¿Cómo resolvimos las situaciones de celos, de diferencia de opiniones, de optar por actividades juntos o separados?

Más tarde o más temprano, es probable que tuvimos otras relaciones que consideramos significativas, porque nos marcaron y determinaron la definición de como queríamos que sea esa persona con la cual yo quisiera establecer esa relación duradera, hasta para compartir la vida. Las historias son diferentes, como somos las personas, así que habrá algunas que podrán relatar cientos de anécdotas, recuerdos y experiencias en ese camino. Y habrá otras que solo mencionarán algunas historias sin mucha importancia, pero que forman los capítulos de su vida. Otros, simplemente, conocieron a una persona, consideraron que era “la” persona elegida, e incluso se casaron con ella para formar una familia.

Entre las líneas de tiempo de estas situaciones que pueden parecer muy lineales, puede haber otras historias, esas que muchas veces no compartimos, o no las consideramos parte de nuestra historia afectiva. Esa joven o esa mujer mayor, con la que tuvimos un encuentro en una reunión social, y por la cual nos sentimos extremadamente atraídos y jugamos un juego de seducción, o algo más… ese hombre tal vez un poco mayor, o menor que nosotras, que nos deslumbró nos asustó un poco, al fijarse en nosotras, jovencitas inexpertas y deseosas de emociones…y la lista puede ser interminable…

La pregunta que quiero que nos formulemos, en este recorrido personal es: ¿Cómo hubiéramos vivido esas experiencias que nos tocaron a cada uno/a, si hubiéramos sabido un poco más de nuestros cuerpos, de nuestras emociones, de cómo hablar de estas cosas con seguridad y aplomo, si hubiéramos conocido cuales eran nuestros derechos y los límites que podríamos haber fijado, con la seguridad que da el conocimiento? Me permitiría decir que las hubiéramos vivido con menos culpa y más goce. Y no hablo del simple goce sexual, sino del goce de la persona que, responsablemente y a conciencia, toma decisiones sobre lo que va a hacer, en una situación dada en su vida amorosa y sexual, y lo disfruta.

Lo que me temo, y en estos días en Paraguay más que nunca, es que la falta de esta educación integral de la sexualidad sea la que lleva a dibujar, cada día en nuestra realidad nacional, las escenas tristes y deprimentes de niñas y niños abusados, jóvenes con distorsiones al encarar sus relaciones amorosas, adultos/as frustrados, violentos e incoherentes al hablar sobre sexualidad ya un malestar familiar y social. ¿Queremos que las generaciones venideras sigan repitiendo los errores, las ideas y los comportamientos que nos tienen hoy aquí, así?

En conclusión, la Educación Integral de la Sexualidad es una necesidad urgente y perentoria para toda la población paraguaya, las y los adultos, las y los jóvenes, y al nivel correspondiente para las niñas y los niños. Conocer los Derechos Sexuales y Reproductivos es esencial para todo ciudadano educado y responsable. (2)

Diciembre es el tiempo de la reflexión por antonomasia, de hacer balances, de hacer planes para el tiempo que sigue. Ojalá sea también el tiempo de la revisión de cómo estamos viviendo nuestra Salud Sexual, parte vital de nuestra Salud Integral, y que desafiados, tomémoslos pasos que puedan, realmente, cambiar nuestro panorama nacional. Una vez más, la Educación es la puerta saludable hacia una vida digna y más plena para todos/as.


Referencias:

  1. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000232800
  2. https://paraguay.unfpa.org/sites/default/files/pub-pdf/derechos_sexuales.pdf

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