Cuando nos comunicamos, ¿sabemos que dice nuestro cuerpo, más allá de la boca?



Cuando nos comunicamos, ¿sabemos qué dice nuestro cuerpo, más allá de la boca?


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

13   de   abril   de   2019


Tantas veces hemos escuchado expresiones como estas: “La verdad que no entiendo por qué reaccionó así, no le dije nada malo”; “No sé por qué pero siempre entiende mal lo que le quiero decir”; “Es que yo dije una cosa y él/ ella interpretó totalmente otra…”

Diálogo, comunicación, empatía, escucha activa, interés mutuo. Podemos decirlo de tantas formas como se nos ocurra. En una relación de pareja, muchos profesionales insistimos en que la clave es la comunicación para mejorarla. Creo que habrá muchas personas que coincidan. Sin embargo, una cosa es decirlo y otra es hacerlo, con buenos resultados. La comunicación humana se da por varios mecanismos. Vamos a referirnos acá, simplemente a dos de ellos: el lenguaje verbal y el lenguaje corporal.

Cuando decimos lenguaje verbal nos referimos al  “tipo de comunicación en la que se utilizan signos lingüísticos en el mensaje…. La comunicación verbal puede realizarse de dos formas:

Y del lenguaje corporal sabemos que: “es un componente de la comunicación que debemos tener muy en cuenta porque proporciona información sobre el carácter, emociones y reacciones de los individuos. El estado de ánimo se expresa mediante el lenguaje corporal. Por ejemplo, al dudar de algo, levantamos una ceja. Al sentirnos perplejos, nos rascamos la nariz. Cruzamos los brazos para aislarnos o protegernos. Levantamos los hombros para denotar indiferencia. Guiñamos el ojo en señal de intimidad. Tamborileamos los dedos por impaciencia.” (2)

Es que la comunicación humana es mucho más de lo que la gran mayoría cree. Por lo bajo, mínimamente, hablamos de comunicación verbal y corporal. Estos aspectos ya conforman un panorama bastante complejo para comprender y descifrar.

Estudiosos e investigadores de la comunicación nos han dado claves para comprender este fenómeno humano, y lo siguen haciendo. Uno de ellos es Paul Watzlawick, en su libro sobre “Teoría de la comunicación humana”, ya del año 1987 (3) y sin embargo, los axiomas de la comunicación que se describen en ese texto, son vigentes aún hoy.

Revisaremos solo algunos de ellos: “La imposibilidad de no-comunicar”, es decir, aunque no salga sonido alguno de nuestra garganta, hay un mensaje, incluso en los silencios; “los niveles de contenido y relaciones en la comunicación”, una cosa es lo que dice y otra la que se entiende, dependiendo en gran medida de cuál es la relación entre las personas que se están comunicando; lo que dice un amigo se entiende/escucha/siente muy distinto de lo que expresa un enemigo, aunque sean las mismas palabras; “La puntuación de la secuencia de hechos“La falta de acuerdo con respecto a la manera de puntuar los hechos, es la causa de incontables conflictos en las relaciones”. El ejemplo del libro es el caso de la “esposa plagueona” y el “marido pasivo”, donde cada uno adjudica al otro ser el estímulo para su propia conducta (puntúa el hecho). Ella dice ser así porque él es muy pasivo o callado y él dice ser callado por la forma de ser de ella. Típico, ¿no?

Y por supuesto, sobran los consejos de cómo hacerlo mejor. Es sugerencia revisar una lista como la que sigue y chequear si por ahí puede ir la cosa, para mejorar alguna situación, en el contexto de una relación que nos interesa. Una manera de hacerlo puede ser, revisar esta lista con nuestra pareja y acordar utilizar  algunos de los mecanismos que puedan ser útiles en el caso particular.

 “1. Evita discutir en caliente; 2. Organiza tus ideas; 3. Piensa en lo que tu pareja no sabe; 4. Busca el contexto adecuado para comunicar lo importante; 5. Habla mezclando lo abstracto con lo concreto; 6. No temas el choque de intereses; 7. Evita la actitud competitiva; 8. Dedica tiempo a recapitular; 9. Evita caer en falacias” (4).

Una práctica que sin duda nos ayudaría a todos, es prestar verdadera atención a nuestras propias expresiones comunicacionales y a las de la otra persona, cuando mantenemos una conversación. Es un ejercicio a incorporar en nuestras vidas para mejorarla y evitar situaciones de estrés que se generan, muchas veces, por la aparentemente “simple” interpretación de aquello que, verdaderamente, deseamos comunicar.



Referencias:






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