Creencias y Salud Sexual


¿Las creencias ayudan o perjudican a una buena salud sexual?

Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

9 de Julio del 2018

Antes de entrar en tema, pongámonos de acuerdo en alguna definición de qué son las creencias.

Las creencias son básicamente juicios y evaluaciones sobre nosotros mismos, los demás y el mundo que nos rodea. Se consideran como verdaderas y ciertas. Son reglas o fórmulas en base a las cuales damos sentido al mundo (1).

Frank P. Ramsey (2) propone una metáfora para indicar cómo podemos entender lo que son las creencias en su relación con lo real. Dice que son como un mapa grabado en el sistema (en el ADN, o en determinados aprendizajes) que nos guían o mejor nos orientan en el mundo para encontrar la satisfacción de nuestras necesidades.

Tales mapas no dicen “lo que son las cosas”, sino que muestran formas de conducta adecuadas a la satisfacción de las propias necesidades en el campo del mundo percibido en la experiencia. (3)

Desde las creencias también se deduce lo que es considerado  “normal” en la conducta, como lo permitido, lo correcto, lo aceptable en una cultura dada, que implica los límites impuestos y, muchas veces, aceptados.

Como una primera aseveración, se puede decir que las creencias personales (culturales, religiosas, políticas o del tipo que sean) siempre afectan la conducta humana, ya que nuestras creencias son como los lentes que usamos para “mirar” la realidad.

Entonces, por ejemplo, ¿cómo podría afectar nuestro desempeño sexual la idea de la virginidad femenina en nuestra cultura, como creencia de lo que es deseable o bueno? ¿Qué pensamientos, emociones y acciones serían las resultantes del condicionamiento implícito en esta creencia?  Las relaciones sexuales solo son permitidas dentro de una relación consagrada por las leyes humanas y/o los ritos religiosos sería la misma frase, en otras palabras.

En nuestro país, el Resumen de la Encuesta Nacional de Juventud, compartido, en el año 2010 (4), desde  la Secretaria Nacional de Juventud, hoy ya Ministerio de la Juventud, indicaba que en el Paraguay, las y los jóvenes tienen como edad promedio de iniciación sexual, los 15 años, esto implica que la mayoría ha tenido una relación sexual a esa edad, y que algunos la tuvieron antes y otros, más tarde.

Solo para reflexionar, usemos otra creencia muy generalizada: la relación que tenemos con el esposo o la esposa es una relación sagrada, es la persona a la cual respeto, padre o madre de mis hijos, no puedo arriesgarme a mostrarme tal cual soy y por ejemplo, exponer todos mis deseos más íntimos, en la esfera sexual con él o ella. Por lo tanto, otras relaciones menos serias, o casuales, incluso en el contexto de la prostitución, son opciones aceptables, para las prácticas que son juzgadas como instintivas, “bajas” o más impulsivas y que, por lo general implican exploraciones más profundas de los deseos o fantasías en el ámbito de la sexualidad.

¿Cuál es el resultado más común? La falta de comunicación en la pareja –reflejada en la actitud de no poder manifestar honestamente esos deseos o fantasías  a la pareja– puede llevar a buscar mantener  relaciones paralelas, las cuales a su vez, tienen consecuencias diferentes en nuestra sociedad, para hombres y mujeres. Si ocurre con un varón, por lo general es visto como lo más común, casi natural y es incluso festejado en rueda de amigos. Si el caso es el de una mujer, se la acusa de no controlar sus instintos, de ser irresponsable  por el ejemplo que genera en otras mujeres, y por supuesto, el eterno estigma de comportarse como una “prostituta”. Aunque ya los tiempos son diferentes y hoy, también en círculos más cerrados de amigos, se festeja la osadía de algunas mujeres de sostener un affaire.

Como caso opuesto, imaginemos que la creencia más importante para una persona adulta es su propia realización personal, explorando sus pensamientos y sus emociones, modificando su conducta, conocer sus límites, aceptar sus miedos y aun así, tener una conducta de explorar, en el ámbito de la conducta sexual, qué prácticas le estimulan y le producen mayor placer y satisfacción…Cómo serían las experiencias de esta persona, mujer o varón?

 ¿A qué tipo de conclusiones podemos llegar, entonces?

Todos tenemos creencias que nos sirven como recursos y también tenemos otras que nos limitan.

Las personas tenemos que conocer cuáles son nuestras creencias, esas que aprendimos, esas que repetimos mecánicamente, como loros, y aquellas con las que verdaderamente nos identificamos hoy, en nuestra vida adulta. Podemos examinarlas con una mirada crítica y teniendo como objetivo nuestra salud mental y, en específico nuestra salud sexual. Hay creencias limitantes, que restringen nuestro desarrollo personal y hay creencias expansivas, las que nos permiten crecer, ser y diferenciarnos,  de nosotros mismos en nuestra propia historia y de nuestro contexto familiar y social. Conocerse es apreciarse y permitirse…cambiar y ser más!

REFERENCIAS:

1- Material sobre Terapia Cognitivo Conductual, presentado por la Magister María Rosa  Appleyard en el Diplomado de Sexología Clínica, año 2017.

2- https://es.wikipedia.org/wiki/Creencia

3- https://es.wikipedia.org/wiki/Frank_P._Ramsey

4- Primera Encuesta Nacional de Juventud, Secretaria Nacional de Juventud, año 2010



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