Conversar sobre sexualidad entre generaciones: ¿Prejuicios? ¿Quién? ¿Yo?


Conversar sobre sexualidad entre generaciones: ¿Prejuicios? ¿Quién? ¿Yo?


Dra. María Josefina Ríos

josefina@consejeriasexologica.com

23   de   Noviembre   de   2018


Es muy común escuchar y compartir sobre las dificultades que tienen las madres y padres, profesores, gente adulta, para hablar con sus hijos/as o con personas más jóvenes sobre sexualidad. El camino en este laberinto  de ideas y prejuicios, por lo general, va por la cautela, si no por el miedo.

Ocurre que hay preguntas y conclusiones, todas –por separado y sin comunicar al otro u otra- en la cabeza de unos y otros: “qué va a pensar mi hija, o mi madre, si hablamos de sexo” y cómo reaccionará ella –una u otra- si me escucha decir algunas cosas que yo no “debería” saber”… “Él –mi hijo varón- no va a entender que solo lo leí, que yo no lo hice…” “Ufff…, ni vale la pena, si en “esta” o en “esa” época, todo era muy diferente, ni sé cómo se le dice hoy o se le decía en “su época” y por ahí va el laberinto de la comunicación, complicándose y no ocurriendo, en realidad.

Es verdad que muchas palabras que usamos cambian con los tiempos, hace 20 o 30 años decíamos “chapamos”, cuando nos dábamos un beso, hoy hablan de “apretar, garchar, de un touch and go o de transar”, claro, en algunos casos, con algunas connotaciones de mayor intimidad, digamos. Parece ser que lo universal y que se mantiene hasta hoy, cuando se está en grupos de mayor confianza, es decir “coger”, al referirse exclusivamente a la situación de mantener relaciones sexuales. Disculpas a los españoles y otros latinoamericanos, que quedan muy sorprendidos con nuestro uso local inconfundible del término.

Como casi siempre nos pasa a los seres humanos, cuando lidiamos con temas polémicos, o “peludos” y uno de ellos es, sin duda, hablar de sexo, nos frenamos en la forma, en lugar de centrarnos en el fondo, o sea en el contenido de la comunicación.

Si estamos en compañía de algún extranjero o extranjera, intentando hablar su idioma, no dudamos en preguntarle: “¿Cómo se dice tal o cual cosa, en tu lengua?” Sin embargo, nos cuesta una barbaridad preguntar a nuestros hijos, hijas, sobrinos, sobrinas o alumnos y alumnas, sobre los términos que se usan en forma coloquial HOY, para hablar de sexo, de relaciones amorosas, del gustarse, de la conquista y sus pasos y a ellos también, el hablar con adultos.

Sería bueno que, de una vez por todas, nos diéramos cuenta que las emociones y los sentimientos son los mismos, en una época, con otro contexto e independientemente de las nuevas palabras que se usen. Y también, que la necesidad de tener conversaciones, más temprano que tarde, con los menores a nuestro alrededor, es real y urgente, dada la pobreza de educación sexual integral que impera en nuestra sociedad.

Vamos adultos/adultas, jóvenes mujeres y varones, saltemos las barreras, más ficticias que reales, de la diferencia de tiempo y de vocablos, hablemos más directamente, en los espacios de confianza, de seguridad, que dan el afecto y el respeto, de las cosas que, en serio, nos preocupan.

A tener en cuenta: “Muchas veces la lista de frases hechas y recomendaciones bien intencionadas que disparan los adultos a los chicos no les llega. Crear un espacio de confianza y comunicación con los padres ayudará al diálogo.” (1)

Entonces, lo que sí se hace necesario es crear esos momentos de seguridad,  para nuestros niños y nuestros jóvenes, principalmente y justamente porque, para las generaciones anteriores no era fácil hacerlo y nosotros, los grandes de hoy, no queremos que los errores se sigan repitiendo, por simple ignorancia de lo que hay que saber o preguntar en el tiempo oportuno.

“Quizás, la idea esencial es: si lo que creo me hace sentir bien a mí y a las personas con las que estoy, lo hago; si lo que creo me hace sentir mal, cambio la idea, la creencia por otra con la que me siento bien.

Lo que creo: la sexualidad se aprende sola.

Lo que siento: me siento ignorante, hay cosas que no sé por qué pasan.

Nueva creencia: me gusta aprender y estudiar sobre la sexualidad. 

Lo que hago: compro libros y material sobre la sexualidad, converso, aprendo.” (2)

Pongamos pues nuestra voluntad y humildad, si se quiere, para preguntar cuáles son esas palabras nuevas, aprendamoslas y dialoguemos! ¡Habrá sin duda, más beneficios que pérdidas!




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